jueves, 18 de marzo de 2010

NO NECESITO A UN POETA (relato completo)



Mis secretos más profundos son telas de arañas en mi cuaderno, ese que me acompaña en mi viaje por la vida, con sus tristes y solitarias páginas en blanco, esperando recoger de mis manos el fruto de los días, el fruto del desencanto, el fruto de la alegría.
Es el que conoce mis profundidades, el que me las recuerda cuando las olvido, el que me mata con sus flechas de verdad, el que me araña con sus letras, el que me acaricia con la paz.

El piano conquista mis viajes por las letras cuando me concedo la melodía de las palabras, cuando mi alma necesita expresar, cuando mi cuerpo olvida hablar.

“El amor ya no es amor
cuando es obsesión, lujuria y pasión
cuando te impide respirar
porque lo que deseas es amar
pero después del sudor
sólo queda soledad”

Éste proyecto de poema salió de mis manos en días y noches de deseo, cuando mi piel, mi boca y mis piernas anhelaban el salado sentir de la fuerza arrolladora que te eleva a otro mundo, a otro cielo, no de ángeles y música, sino al cielo del placer, al de los sentidos en erupción, en el que se navega en una balsa de humedad, del sexo elaborado, de las lenguas encontradas por el desierto de las curvas buscando su oasis, para beber de él, hasta caer rendidos a los pies del divino pecado.

La prosa me llama, me busca, me habla. La poesía me ha encontrado, sorprendido y enamorado.
Un poeta me arrancó la prosa, me escupió la poesía enmascarada de las páginas que ahora escribo, me llevó a esa isla de donde no pude escapar hasta borrar de mi cárcel cada destello de una tierna mirada que conquistó hasta el último suspiro de mi alma.

Volví a nacer, salí nadando de esa isla, rompí las rejas de la cárcel de su boca y salí al océano de la libertad y del amor verdadero, ese que te cuida y te eleva con tan solo existir, con tan solo sonreír. Descubrí que no necesito a un poeta para vivir, por que el hecho de vivir ya es la mayor poesía escrita, cantada y dibujada por el más grande los poetas, descubrí que todos somos poetas.
Desato las páginas y las dejo escapar de mi cuaderno con un rumbo incierto, hacia un destino que desconozco y que no me importa, por que regalo estas páginas al viento, a ese sabio que las guiará, para que las acompañe donde puedan emocionar, donde puedan enseñar, donde puedan robar sonrisas o lágrimas, donde quizá sean incomprendidas o quizá sean fieles reflejos de otras vidas.

Un poeta me enamoró, y testigo del poema fueron las sufridas y silenciosas páginas de las que ahora me deshago, las escribí cuando todo había pasado, cuando pude mirarlo desde el prisma de la tranquilidad, desde mi recuperada muralla, pues en ese tiempo de versos también olvidé que mis palabras y las de todos son tesoros con el mismo valor.

Soñé con un castillo varias veces, con una gran y majestuosa muralla desde la que podía divisar un paisaje verde, con pinceladas de amarillo, rojo y violeta hasta su unión con el cielo. Estaba sola, pero la sensación de plenitud y grandeza de la muralla me acompañaban. Podía verme desde fuera, como si de una película se tratara, de pie mirando al horizonte.

Había tenido un sueño lúcido, donde el soñador se da cuenta de estar soñando. Los que tienen la suerte de tener a menudo este tipo de sueños se llaman onirautas, pueden controlar los sueños a voluntad llevando a cabo sus deseos en los mismos. Estos sueños son notables por perdurar en la memoria, son sueños llenos de color, difíciles de olvidar. Tan difícil de olvidar que aún está en mis pupilas ese paisaje. El simbolismo del castillo en el mundo de los sueños me llevó a descubrir mi deseo de espiritualidad, mis ansias de trascender lo mundano y convertirme en la protagonista de historias especiales y con mayor significado. Esperaba algo importante mientras miraba grandiosa al horizonte en ese sueño, poco tiempo después, ese algo me llegó en forma de poeta.

No soy onirauta, no puedo viajar en los sueños a los lugares que deseo, sólo puedo observarme y sentir como si mirara a través de un cristal, sin poder tocar. Días más tarde soñé varias veces con gusanos de seda, los veía descender en su capullo colgados del techo por un fino hilo que los sujetaba a la vida. Muchos de ellos se transformaban en mariposas y salían volando agitando sus alas hacia el cielo, alas en las que observaba con detalle sus dibujos y colores, donde el violeta era el protagonista de esa acuarela.

La ansiada y futura transformación espiritual vino a visitarme a los sueños en forma de gusano y mariposa, en forma de castillo y de paisaje para avisarme de lo que vendría. Lo comprendí cuando todo pasó, cuando el poeta marchó, pues muchos sucesos de la vida los entendemos cuando han llegado a su fin y podemos mirarlos con la claridad del tiempo, con el prisma de la distancia.

Como respuesta a mis ansias inconscientes de trascender lo mundano y vivir historias especiales llegó un día a mi vida un ser diferente, de luz y de sombras, un maestro en el arte de amar, un maestro cuyo método didáctico fue jugar con mi debilidad ante un poema, mi debilidad ante el brillo de unos ojos, mi debilidad por la búsqueda de lo que yo creía especial. Más tarde aprendí que lo grandioso no está en un horizonte lejano ni en bellos poemas cuyos autores solo usan el corazón para escribir, no para vivir.

Me atrajo su mundo desconocido, sabía que debía de entrar, investigar, observar y vivir intensamente el regalo recién llegado. Si el tiempo me dejara volver atrás volvería a adentrarme otra vez en esa cueva. Volvería a entrar a pesar de las lágrimas que en su oscuridad encontré, porque antes de las lágrimas encontré una entrada de luz y piedras preciosas que ningún minero ha sido capaz de dejar al aire libre. Nunca fui minera ni geóloga, no quiero serlo, prefiero trabajar a la luz del día, viendo mis paisajes. Cuando encuentre una nueva cueva entraré y contemplaré los metales preciosos, sacaré de la oscuridad mi lección y seguiré andando sabiendo que la verdad está mucho más cerca, disponible para todos.

Con un poema dedicado a mi sonrisa y a mis ojos despertó en mí el poeta esa chispa que necesita el arte para existir. Nos encerramos en nuestra burbuja, pero las burbujas son terriblemente frágiles. Era un ser solitario, de esos artistas que parecen perdidos en un mundo que no es el suyo, como si los hubieran dejado aquí por equivocación, pero con soltura suficiente para conquistar mujeres ansiosas de la grandiosidad que vivir la vida en verso puede dar. Inteligente, libre, soñador, dispuesto a vivir el amor sin miedos ni limitaciones, seguro y con deseos de aprender, de vivir, de enseñar…Entró en mi vida como una tormenta explosiva a todos los niveles.

Se convirtió en mi elixir, en mi perfume, en mi droga necesaria de sudor, en mi debilidad hecha carne. Entre reflexiones elevadas y besos sin descanso dormí muchas cálidas noches abrazada a su cuerpo. El placer estremecía a todo mi ser. Sus versos producían en mí orgasmos literarios, de metáforas y rimas que acariciaban dulcemente mi vida y me llevaban a otros mundos. Él era feliz, todo lo que me daba le salía del alma, así lo sentí, así lo viví.
También salían de mis manos palabras hacia él, conservo algunas que en algunos días de balance vital recuerdo con cariño, pero que ya están en las estanterías de esa que llamo mi biblioteca de la vida.

Perdí la noción del tiempo en estos jardines del mar donde nadé sin salvavidas. Me ahogué en mis expectativas, en mis sueños, en mis deseos, en mi mentira de perfección tras la muralla de insensatez que había creado por alguien que no conocía, sólo había leído sus versos y escrito su cuerpo. A sus ojos les creí, pero no quise ver que más allá, no quise ver que era un hombre y no un ángel, y todo hombre está formado por valores opuestos, por contrarios. No dudo de todo lo bueno que me regaló, sé que todo fue verdad hasta que dejó de serlo.

No sé cuando empezó a desaparecer, cuando empezó a esfumarse de entre mis dedos, de entre mis piernas. Su vapor quedó incrustado en mi piel, su olor entre mis dedos, sus poemas deshechos en mi alma, su grandeza pisoteada por su cobardía e inmadurez. No lo volví a sentir, sólo sentí el odio que deja alguien que desaparece sin rastro, sin palabras, sin sinceridad. Sólo sentí el vacío del no entender la huída como opción en esta vida. Las primeras noches de su silenciosa ausencia dejé la puerta abierta por si regresaba, mi debilidad ya le había perdonado, mi debilidad tapaba mi esencia, mi fuerza, el amor por mí que puse en sus manos.

Caí en las mazmorras, esas que me quedaban por visitar y luché con el odio que nunca había sentido. La lucha fue solitaria, dura y dolorosa. Cada minuto de los interminables días de ese verano de tormentas y tormentos tuve que vivir con lo peor de mí. Viví intensamente mi dolor, no lo escondí, me hice su amiga y lo acepté, comencé sola mi curación emocional para poder volver a soñar con majestuosos paisajes delante de mis ojos y con violetas mariposas volando al cielo.

Una tarde, de esas en las que mis sonrisas ya no camuflaban la tristeza, lo vi sentado en un banco en una pequeña y acogedora plaza del centro de la ciudad, de esas que invitan a contemplar los árboles o leer un buen libro al aire libre. Pasé por delante de él, tan cerca que sentí su tímido olor o fue el recuerdo aún gravado. Leía en alto el que todavía sigue siendo uno de mis poemas preferidos:

“…A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo, es mi deseo;
manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo…
un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos
y soy tierra feliz que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo”
Isla ignorada, Gloria Fuertes


Tuve tiempo desde que lo vi para dar la vuelta y tomar otro camino, pero la cobardía y la huída nunca fueron mis compañeras de viaje, no quise cargar la maleta con ellas, pues sin peso el camino se hace más liviano. Quizá un tiempo antes no hubiera estado preparada y el dolor me hubiera vencido, pero cuando la serenidad, transparencia y voluntad te acompañan las decisiones más difíciles de tomar suelen ser los caminos más fáciles. No sabía si esta batalla la ganaría o la debilidad me acompañaría unos días más después del reencuentro, pero tenía que mirar otra vez esos ojos para saber si el rencor estaba enterrado o se había marchado para siempre.

El recuerdo de mi olor también voló a su cuerpo y levantó la mirada hacia mí justo cuando pasaba por delante. Gloria Fuertes cayó al suelo y también cayó su escondite. Seguí caminando con cierto nerviosismo, pero con la satisfacción que da el haber hecho lo correcto. Mis pasos solitarios duraron unos segundos, pues mi nombre salió de su boca mientras corría para alcanzarme. No recuerdo los meses que habían pasado, pero su voz era extraña a mis oídos y las facciones de su rostro eran extrañas a mis ojos. Los suyos brillaban, una lágrima se derramó ocupando el silencio de esa plaza. Sus palabras existían sólo para la poesía, no existían para la vida. Su miedo se hizo visible y transparente, la tristeza lo envolvió con la fuerza de un tornado, pues todo de lo que huyes te encuentra, y sus lágrimas me miraban implorando clemencia. O quizá su mirada fue una atacante defensa con el escudo del orgullo que pisotea la humildad y la verdad que busco en esta tierra. No lo sé, ya no lo recuerdo.

Él no podía hablar, yo ya no lo necesitaba. Había pasado el tiempo en que las palabras por decir llenaron un vacío en mi alma. Le sonreí y le dí las gracias por todo, me despedí con un hasta siempre aunque me temblaban las piernas al pronunciarlo. Paso a paso fui alejándome de lo mejor y de lo peor que había pasado en mi vida. Pasaron unos días extraños donde la debilidad vino a visitarme en algunos momentos, pero ya no se quedaba a dormir. Los días siguieron con el sol del invierno hasta que llegó otro verano ya sin tormentas ni tormentos.

La valoración de esta historia pude hacerla meses más tarde del reencuentro. Recordé mis sueños con castillos y mariposas, mis deseos de transformación espiritual y de vivir historias especiales y sonreí. Fue especial enamorarme de un poeta, fue un regalo divino descubrir la poesía, mi cuerpo murió de placer ese tiempo y mi alma voló por los cielos, se hundió en las profundidades del ser humano y resurgió de sus cenizas hacia la luz de la vida y la valoración de las pequeñas cosas que nos rodean.
Recordé también que antes de la despedida definitiva de mi poeta recogí el libro que había caído al suelo ante el impacto del inesperado reencuentro. La página noventa y ocho me habló con estos cuatro últimos versos:

“Es triste y por que es triste lo confieso,
cuesta mucho vencerse, sin embargo,
intenta dar un beso al enemigo
verás que sale luz de tu costado.”
Lo confieso, Gloria Fuertes.

Ahora sé mejor lo que quiero, lo que deseo y lo que soy. Podría recrearme en millones de pensamientos, sensaciones y palabras que adornarían esta historia, pero ya la he olvidado, la imaginación está en otros cuerpos y el aburrimiento me envuelve obligándome a terminar este relato. Intenté dar un beso al enemigo.
Ahora me seguiré perdiendo por los caminos que me trace el destino, intentado recordar lo que aprendí para no cometer los mismos errores, aunque nada fue un error porque como dice el refrán “de poetas y de locos, todos tenemos un poco”.
Layna Ultreia











viernes, 5 de marzo de 2010

NO NECESITO A UN POETA


Aquí os dejo el principio de un nuevo relato que he escrito, a lo largo de este mes lo subiré entero y al igual que del anterior espero vuestra opinión, pues mi intención es enviarlos a concursos de relatos, por eso los borraré del blog en poco tiempo. Un nuevo estímulo creativo que no puedo parar. Gracias por leerlo.





Mis secretos más profundos son telas de arañas en mi cuaderno, ese que me acompaña en mi viaje por la vida, con sus tristes y solitarias páginas en blanco, esperando recoger de mis manos el fruto de los días, el fruto del desencanto, el fruto de la alegría. Es el que conoce mis profundidades, el que me las recuerda cuando las olvido, el que me mata con sus flechas de verdad, el que me araña con sus letras, el que me acaricia con la paz. El piano conquista mis viajes por las letras cuando me concedo la melodía de las palabras, cuando mi alma necesita expresar, cuando mi cuerpo olvida hablar:


“El amor ya no es amor
cuando es obsesión, lujuria y pasión
cuando te impide respirar
porque lo que deseas es amar
pero después del sudor
sólo queda soledad”


Éste proyecto de poema salió de mis manos en días y noches de deseo, cuando mi piel, mi boca y mis piernas anhelaban el salado sentir de la fuerza arrolladora que te eleva a otro mundo, a otro cielo, no de ángeles y música, sino al cielo del placer, al de los sentidos en erupción, en el que se navega en una balsa de humedad, del sexo elaborado, de las lenguas encontradas por el desierto de las curvas buscando su oasis, para beber de él, hasta caer rendidos a los pies del divino pecado.

La prosa me llama, me busca, me habla. La poesía me ha encontrado, sorprendido y enamorado.

Un poeta me arrancó la prosa, me escupió la poesía enmascarada de las páginas que ahora escribo, me llevó a esa isla de donde no pude escapar hasta borrar de mi cárcel cada destello de una tierna mirada que conquistó hasta el último suspiro de mi alma.

Volví a nacer, salí nadando de esa isla, rompí las rejas de la cárcel de su boca y salí al océano de la libertad y del amor verdadero, ese que te cuida y te eleva con tan solo existir, con tan solo sonreír. Descubrí que no necesito a un poeta para vivir, por que el hecho de vivir ya es la mayor poesía escrita, cantada y dibujada por el más grande los poetas, aprendí que todos somos poetas.

Desato las páginas y las dejo escapar de mi cuaderno con un rumbo incierto, hacia un destino que desconozco y que no me importa, por que regalo estas páginas al viento, a ese sabio que las guiará, para que las acompañe donde puedan emocionar, donde puedan enseñar, donde puedan robar sonrisas o lágrimas, donde quizá sean incomprendidas o quizá sean reflejos de otras vidas.

Un poeta me enamoró, y testigo del poema fueron las sufridas y silenciosas páginas de las que ahora me deshago, las escribí cuando todo había pasado, cuando pude mirarlo desde el prisma de la tranquilidad, desde mi recuperada muralla, pues en ese tiempo de versos también olvidé que mis palabras y las de todos son tesoros con el mismo valor.

Layna Ultreia

Continuará que la historia acaba de empezar......................................

miércoles, 24 de febrero de 2010

AL COMPÁS DE LA MÚSICA


Después de una parada en el camino vuelvo a escribir al son de la música. El poco tiempo para la inspiración me ha robado letras sin piedad, pero esta noche de lluvia me concedo la melodía de las palabras.

Las notas musicales son letras de alfabetos universales, forman las palabras que se leen con el cuerpo, las palabras que el alma reconoce cuando llora y cuando ríe, cuando recuerda y cuando baila, cuando vive y cuando muere.

La música se convierte en un espejo de infinitos lugares, esos que tanto me gusta visitar cuando cierro los ojos, también se convierte en un espejo de infinitos secretos, esos que habitan en todos los corazones y que despiertan con una sutil llamada para amanecer de nuevo.

Al compás de la música siento el arte que me inspira en este instante, puedo sacar las tímidas letras escondidas y que me acompañan en mi viaje por la vida. Mi cuaderno guarda las palabras, pero esta vez, guarda también las notas musicales que me acompañaron. Leyendo lo que escribí un día pasado, puedo otra vez bailar con los árboles que fueron testigos de mi amor, en mi cuaderno guardo mis tesoros y estas son las notas musicales que ahora comparto y dejo libres para que otros corazones las escuchen:

Mi cuaderno, página 23:

Me levanté del gran árbol, ese que me había protegido con sus esbeltas hojas y me había arropado con la energía que sólo un ser milenario posee. Cerré mi cuaderno y dejé guardado para siempre entre sus páginas el primer cuento que escribí en mi vida, fruto de la magia del camino en el que me encontraba, fruto de los sueños donde el piano sonaba de fondo. El piano murió en ese cuaderno, en ese sueño, pero la música siempre suena cuando se quiere escuchar, la música siempre suena cuando no se deja de soñar.

El camino mágico, el de Santiago, me regaló la más bella música que el alma puede entonar: el silencio. Ese que me abre los ojos para verme por dentro, ese que limpia mis oídos para escucharme, ese que se desliza sobre mi piel arrastrando el polvo y el ruido de los días, ese que vacía mi mente para poder ver más allá de lo palpable, para poder ver también, lo más cercano y que a veces se me escapa.


La música del silencio acompañaba a mis pasos muriendo en la tierra, al agua corriendo viva por los riachuelos, al calor del sol envolviendo mi rostro, mientras, yo bailaba al compás de mi corazón sin pensar nada, sin esperar nada, simplemente caminaba. En este estado me encontraba cuando comencé a escuchar un nuevo sonido que acompañaba al silencio y lo apartaba de mi lado.

Apoyado en otro gran árbol, de esos que nos vigilan en el camino, se encontraba él, tenía los ojos cerrados, su boca y sus dedos se entrelazaban al son de la melodía jugando con el viento, pero él no estaba presente en ese momento, estaba volando entre las nubes mientras regalaba su don a los caminantes. Me senté cerca a contemplar el espectáculo de colores y sonidos, esta vez no tenía que viajar a los sueños ni a los recuerdos para escuchar música, la tenía delante, en el camino del silencio.

No recuerdo el tiempo que estuvimos sentados el uno frente al otro sin que nadie más pasase, el concierto era sólo para mí, lo viví y lo agradecí como un regalo, fue una breve eternidad para todos los sentidos. Dejó su flauta en el suelo y me sonrió, le ofrecí agua y una sonrisa, pues las palabras que otras veces salen de mí atropellándose unas contra otras se habían quedado aletargadas, lentas e inexistentes con la sonora experiencia. Creo que me enamoré un instante de los ojos de ese desconocido que comenzó a hablar sin que yo le preguntara, no hizo falta.

Me dijo que con la música olvidaba los problemas, se escapaba a otros mundos donde la realidad no existía, donde era libre de las complicaciones mundanas. Las notas musicales eran sus mantras, la melodía su meditación. La música era su conexión con el más allá, porque si existía un cielo, éste debería estar lleno de música. Me dijo que él intentaba traer un trozo de cielo a la tierra que pisábamos, pero que cuando abría los ojos y sus dedos dejaban de tocar, el cielo se esfumaba, los caminantes seguían su andadura y todo se convertía en algo tan efímero que le causaba un gran dolor y una gran insatisfacción.

Las primeras palabras que consiguieron salir de mi boca le agradecieron su don y que me hubiera regalado el cielo. Las que salieron de la suya siguieron siendo para mí un regalo:

“Mi don es amar lo que hago, mi don es regalarlo a la vida, a ti. A todo el que pase por mi lado yo le daré lo mejor que hay dentro de mi Ser. Si todos hiciéramos lo mismo el cielo en la tierra no sería tan efímero. Lo mejor que hay dentro de cada persona no tiene porque pertenecer a las artes, lo mejor puede ser una sonrisa, lo mejor puede ser un abrazo, lo mejor puede ser una mirada que desnude toda muralla de la mente. El mayor arte que se puede regalar es ser uno mismo.”

El silencio del camino se apoderó de mí otra vez, le regalé mis lágrimas, mi sonrisa y un cálido abrazo. Me senté enfrente y le invité con una tierna mirada a que me regalase su cielo otra vez, antes de seguir caminando hacia mi destino, porque mi cielo era escucharlo, mi cielo era él en ese instante eterno.

Al son de la música las páginas blancas de mi cuaderno volvían a recibirme expectantes, pues el primer cuento que escribí días antes en sus blancas hojas fue una sorpresa incluso para mí. Ahora comenzaba a escribir el segundo cuento, debía convertir las notas musicales en letras y la melodía en una historia que llevase un trozo de cielo a otros. Debía conseguir que lo efímero se alargase lo más cerca posible a lo eterno y que la sensación de dolor e insatisfacción que sentía mi músico disminuyese y desapareciese cuando comprobara que nada es tan efímero como el pensaba.

Le escribiré que escuchando su música en estos momentos no me alejo de los problemas, no me escapo a otros mundos donde la realidad no existe, no me siento libre de las complicaciones mundanas. Sintiendo su música observo como los problemas disminuyen su tamaño, pues comparados con el cielo que me ofrece se convierten en cenizas. Sus notas musicales están dentro de mi realidad por lo que no quiero viajar a otros mundos, pues en éste está el cielo que él me regala, están los cielos de muchas personas que encontraré en el camino y que si volase siempre a otras realidades no conseguiría ver. Las complicaciones mundanas no son tan complicadas cuando ponemos música en el corazón, cuando ponemos sonrisas y cuando el humor se hace fiel compañero de viaje. Incluso las lágrimas a veces traen detrás un bonito regalo.

Arranqué del cuaderno las páginas de este corto relato y las dejé a su lado bajo una piedra mientras él seguía ausente entre sus notas. Comencé a caminar sintiendo que le había dado lo mejor de mí: mi sensibilidad, mi valoración de la vida, mi gratitud, mis lágrimas, mi sonrisa y mi intención de que esa sensación de “cielo efímero” se borrase de su Ser. A esta caminante la había enamorado un instante, a esta caminante le hizo entender la música y los dones como nunca antes los había entendido. Nada es efímero y todo perdura en algún lugar, sólo debemos desear verlo. El silencio nos ayuda a encontrarlo.

No te lo he dicho pero me llamo Layna, y este cuento es mi regalo para ti.

domingo, 31 de enero de 2010

BORRADORES: LAS PALABRAS (1ª parte)


Aunque soy de ciencias puras las letras siempre me buscaron, por eso la experimentación, la argumentación y la practicidad son importantes componentes del laboratorio de mi vida, pero altas dosis de emociones y sensaciones, no tan racionales, me rondan cuando escribo y cuando siento y cuando pienso y cuando vivo.


En el laboratorio tiene lugar la fusión de todos los componentes, a veces precipitan entre ellos y la contradicción está presente, otras veces debo destilar para separar y entender lo que cada componente de una reacción quiere decir. Y la solución a todas las reacciones suele ser la que un griego llamado Aristóteles nos dio hace miles de años, “en el término medio está la virtud”, equilibrio a veces inalcanzable.


La necesidad de escribir no hace mucho que se ha convertido en imprescindible en mi vida. Borrador a borrador expreso esa parte de mí escondida, que no todos pueden llegar a conocer y que ni yo misma alcanzo a ver. A través de la escritura estoy elaborando un complejo paquete con todas las piezas de mi puzzle. Nunca me gustaron los puzzles.


Quien logra sacar mi esencia a través de la lectura de mis escritos tiene en su poder una parte de mí que seguramente no tengan los que me conocen sólo personalmente. Quien sólo me conoce personalmente tiene en su poder una parte de mí que quizá no tengan los que sólo leen mis escritos. Me puedes sentir e intuir de las dos maneras, las dos son reales. Su complemento me da forma, me define, su complemento es el secreto para terminar el puzzle con éxito.

He descubierto que también escribo sobre lo que imagino. Las fronteras entre “Yo” y lo que me imagino se fusionan. De esta forma este “ensayo novelado” o “novela ensayada” que se gesta en estos borradores puede llegar a sorprenderme, pues aún desconozco las dosis de imaginación y realidad con la que seguiré escribiendo. Por eso no os creáis nada, todo es mentira quizá, todo es verdad, seguramente. Mis ojos no saben mentir pero mi mente sí sabe volar a otros mundos.


No hablo igual que escribo, si escribiese igual que hablo no escribiría, hablaría. Aparece a veces mi terrenal signo zodiacal con su sentido práctico, pero quizá mi signo ascendente le lleva la contraria y las metáforas poco prácticas me camuflan entre las letras. Deseo que entiendas mis palabras y mi mensaje, a veces se oyen las palabras pero no se escuchan, si las lees quiero que su significado mueva algo en ti. No me interesa leer de otros ni tejer en mis escritos complejas telas de letras cuyo significado sólo es claro para el autor y algún lector protagonista. Quiero tejer hermosas telas reales y accesibles que a través de la palabra oral no moverían sensaciones. Ni siquiera para mí.


De Juan José Millás me quedo con su bisturí eléctrico, ese que cicatriza las heridas en el momento de abrirlas, también para mí escribir comienza a ser la cirugía necesaria. También es mi dieta depurativa y natural, mi zumo refrescante y reconstituyente. Mi canción para llorar, también.

Las palabras son un regalo, son tan poderosas…


Si tengo que elegir, elijo el arte sin palabras, ese que participa en el arte de quitar el vestido, cuando mirando a los ojos y tocando las manos la sensación de paz y la energía que fluye es tan bella que el silencio es más poderoso y las letras se convierten en algo tan mundano que son innecesarias…
Elijo vivir con el arte de ser uno mismo, transparente, elijo sentir...cuando no hace falta hablar por que lo que transmites a los demás con una mirada, con una caricia, con una sonrisa es maravilloso...


Continuará...

martes, 19 de enero de 2010

TU MAYOR PODER


No es mi costumbre realizar una entrada sólo con citas o textos a las que doy una gran importancia, normalmente las utilizo como aliño y complemento a mis propias historias.


Los libros son los grandes maestros de mi vida, os regalo estas líneas porque todo debe de estar en movimiento, se debe compartir y regalar. Para quien no haya tenido la suerte de leerlo ni reflexionarlo esta es mi manera de invitaros a ello, de enseñar, animar, felicitar y agradecer a quien consigue que las decisiones en su vida sean su mayor poder, algo que hay que recordar todos los días.



"Sólo quien es feliz puede repartir felicidad. Un ser humano dividido no consigue afrontar la vida con dignidad. El amor se descubre mediante la práctica de amar. Esperar duele, olvidar duele, pero el peor de los sufrimientos, es no saber que decisión tomar."

A orillas del río piedra, me senté y lloré. Paulo Coelho


"Detras de la libertad se esconde frecuemente la dejadez, el deseo de no implicarse. Hay una frontera sutilísima, atraversarla o no atraversarla, es asunto de un instante, de una decisión que se asume o se deja de asumir, de su importancia te das cuenta sólo cuando el instante ha pasado, sólo entonces te arrepientes, sólo entonces comprendes que en aquel momento no tenía que haber libertad sino intromision: estaba presente, tenías conciencia, de esa conciencia tenía que nacer la obligación de actuar. El amor no conviene a los perezosos, para existir exige gestos largos y precisos..."

Donde el corazón te lleve , Susanna Tamaro


“...Luego, por primera vez en su vida, contempló su vida con claridad, sin juzgar y sin excusarse. En ese instante, aceptó toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenía sobre ella, y por los acontecimientos que le habían dado forma. A partir de ese momento, nunca más culparía a nada ni nadie de todos los errores y desgracias. El reconocimiento de que él era la causa y no el efecto le dio una nueva sensación de poder. Ya no tenía miedo...

"El caballero de la armadura oxidada". Robert Fisher


La decisión es tu mayor poder

Debes aprender a actuar con valor, con seguridad en ti mismo y con fe. Éstos son los potenciales que debes descubrir. Éstas son las cualidades internas que debes adquirir. Estamos destinados a luchar para tomar las decisiones adecuadas.

Tu máximo potencial es esa parte de ti cuya expresión no está limitada por los miedos. Cuando eres consciente del lado oscuro debes y deseas enfrentarte al él, reconocer su presencia en ti y luego tomar las medidas necesarias para tratar con él.


Enfrentarte a tu lado oscuro requiere que luches en solitario. Tendrás que fortalecer la identidad de tu alma. Darás origen a tu poder personal de toma de decisiones, te prepararás para aceptar la responsabilidad de ocuparte de tu ser y las consecuencias de tus decisiones.”

El contrato con lo sagrado, Caroline Miss.

"Debes saber bien lo que te hace avazar y lo que te retiene y elegir el camino que te lleve a la sabiduría" Buda.




miércoles, 13 de enero de 2010

LLUVIA Y SOL


Hay días en los que soy incapaz de concentrarme, sólo lo puedo dejar estar y mirar el cielo desde la ventana.

Algunos de esos días los fantasmas se acercan a saludarme, entre recuerdos borrosos y dolores incrustados en cicatrices aún recientes. Intento sonreírle al recuerdo cuando leo cartas de amor cubiertas ya por el polvo, pero a pesar de la aceptación, una leve nostalgia se acerca a hurtadillas para volver a emocionarme y volver a revivir lo ya enterrado. La suerte me visita, a pesar de hacerlo en forma de fantasma, pues reviviendo las sonrisas del pasado puedo agradecerlo, y puedo liberarme de los malsabores de boca que dejaron esos libros ya guardados. Sólo paseando de la mano con estos fantasmas puedo valorar lo que fui y lo que soy, y lo que soy hoy, me gusta.

Otros días la concentración se evapora por que me pierdo mirando por la dichosa ventana que me lleva a otros mundos, salgo volando y no me apetece regresar de los libros por escribir, los cuentos por contar, los besos por dar, los cuerpos por tocar, las palabras por decir, los cuadros por pintar, los caminos por andar…Son los llamados por mí fantasmas de la imaginación, que pueden ser tan o más poderosos que los del pasado, pues la libertad del mundo que veo a través de la ventana es ilimitada e infinita. A veces me crea ansiedad el no poder volar a donde quiero, otras veces la paciencia me acompaña sabiendo que pintaré esos cuadros y andaré esos caminos cuando sea el momento idóneo, confío en ello.

Cuando este caos de confusión formado por nubes de emociones, sentimientos, pensamientos, recuerdos e imaginación llegan a mí, intento mirar este cielo desde la ventana del hogar, siendo el hogar el silencio. Sólo así puede pasar la tormenta, con el paraguas de la calma. La tormenta sólo dura un ramillete de minutos, que pueden durar horas, pero es sólo un instante de mi vida. El agua de esta tormenta me limpia y me deja libre para continuar mañana concentrada en mis objetivos más cercanos.

Observo y absorbo todo a mi alrededor, me veo como una hormiguita corriendo de un lado a otro, pero no estoy sola, estoy rodeada de muchas hormiguitas corriendo también, cada una buscando su hogar. La búsqueda es solitaria pero es para todos la misma. Es la valoración más importante, somos todos iguales, unos más niños, otros más adultos, pero todos iguales. Esta percepción es la que abre la puerta de la humildad, del perdón, de la comprensión, esa puerta que a veces se cierra pero que desde el silencio y cuando pasan las tormentas se vuelve a abrir.

La tormenta que hoy me moja será arrastrada por el viento al hogar de otra hormiguita. Y a mi casa el viento me visitará con otras tormentas que han estado antes en otros lugares, en otros hogares, en otras vidas. Antes o después, las tormentas y el caos nos visitan a todos, con mayor o menor intensidad, con más o menos nubes, usaremos o no paraguas, miraremos desde la ventana o ni siquiera nos enteraremos de la lluvia. Pero las tormentas pasarán y dejarán sus fantasmas en todas las casas por igual, al igual que el sol volverá a salir para todos, nos dará su calor y secará lo que la lluvia mojó.

Aquí donde vivo la primavera y el verano duran casi todo el año. El clima en mi casa es casi siempre soleado, pues nací un mes de abril, donde las lluvias pueden sorprender pero son pasajeras, el agua da de beber a las flores que adornan mi jardín y la ventana sólo me muestra a esas siete cabras que pasan todos los días por delante de ella y me hacen sonreír.
Os invito a mi primavera.


Nadie es superior, nadie es inferior,
pero tampoco nadie es igual a nadie.
La gente simplemente es única, incomparable.
Tú eres tú, y yo soy yo.
Yo tengo que contribuir mi potencial a la vida
tú tienes que contribuir tu potencial a la vida.
Yo tengo que descubrir mi propio ser;
tú tienes que descubrir tu propio ser.
Osho

“La vida te lleva de un sentimiento a otro y enseña mediante contrarios, así que tienes dos alas para volar y no una.” Yalal al-Din Rumi.

“Si sabes ser humilde te elevarás hacia el cielo y no caerás nunca” El buscador de sueños, Romano Battaglia.

Aprende a estar en silencio, deja que tu mente aquietada escuche y absorba.” Pitágoras.

martes, 5 de enero de 2010

SUEÑOS Y MISTERIOS...

Siempre un libro me acompaña al jardín de los sueños, a esos misterios que se pasean sin dueño cuando la vigilia cierra los ojos y morimos por un instante a lo eterno.

Como alucinaciones sin sentido a veces cocinan en una misma olla todo lo sucedido durante el día. Otras veces nos recuerdan lo olvidado, lo que somos o lo que fuimos, también pueden ser premoniciones o avisos de lo que vendrá. Son una puerta de comunicación con otro mundo y su significado simbólico y universal nos acerca a nuestros fantasmas, miedos y deseos, y al movimiento interior que nos encadena durante el día a las inclemencias de este mar en el que navegamos.

No me interesan las técnicas para recordarlos, sí para adentrarme en ellos como mera espectadora teniendo la capacidad de cambiar el final de la película, pero para ello la evolución debe ser superior a la que ahora poseo y todavía no me es posible reescribir el guión de mis sueños, pero sí observarlos desde fuera elaborando mi propia crítica como si estuviese sentada en la butaca de un cine abierto sólo para mí.

Me encanta introducirme en este jardín de misterios y dejar que mi alma vuele fuera de mi cuerpo para que viaje donde desea, sin cadenas. Mi jardín de los sueños es un secreto, el recuerdo no se me regala normalmete, mi alma viaja a donde necesita y yo no necesito saberlo, respetamos nuestro espacio. El saber queda dentro y despierto tan descansada y llena de energía que cada despertar es un nuevo nacimiento.

Sólo a veces, algunos sueños se me envían en una carta de recuerdos al consciente. Se me regala e intento comprender, sin demasiado esfuerzo, pues el mundo de los misterios se escapa a nuestra comprensión consciente y su interpretación errónea es fácil. Prefiero esforzarme en comprender lo real y palpable.

He soñado con toros, con insectos, con mi madre, con claros datos simbólicos para cualquier estudioso de este mundo. Me han avisado del dolor y la decepción. Han confirmado mi sufrimiento alguna vez y me han dado la oportunidad de despedirme con un beso de quien se marchó sin avisar.

También he escuchado mi nombre de una voz conocida y familiar que desapareció sin una despedida y sin una lágrima. De casi todos obtuve un significado coherente, alguno lo comprendí tarde. También he tenido sueños evolutivos, concepto del psicoanálisis cuyo conocimiento a nivel básico puede ser interesante. Un conocimiento profundo me puede impedir ver más allá y limitarme dentro de una única disciplina y no creo que a estas alturas Freud pueda limitarme. No es un tema donde me interese profundizar, por ahora.

He hecho el amor con una mujer con gran pasión aún deseando tocar a un hombre. Buscando su significado simbólico me fue confirmado mi camino de confianza, seguridad, autoestima y amor a mí misma, ese camino que a veces se difumina pero que el sueño me recordó y me animó a seguir.

Incluso en épocas pasadas de tinieblas y soledad, en esas noches oscuras y sin sentido existencial el sueño era mi descanso y mi premio, deseaba cerrar los ojos y salir de mi cuerpo para volar a otro lugar, para verlo todo desde arriba y no sentirlo. Todo era sereno y tranquilo, incluso este deseo. De esa época en la que deseaba dormir para no regresar me llevo el mayor aprendizaje, la mayor lucha y el mayor premio. Los sueños siempre me dieron la calma.

Los cuentos de Eva Luna me acompañaron de la mano al jardín los sueños la otra noche, un sueño dentro de un sueño me sorprendió y la carta del recuerdo llamó a mi puerta al despertar. El sueño principal era mi conciencia y el sueño dentro de este sueño era mi cuerpo. La lucha entre la conciencia y la carne se ha trasladado al mundo de los misterios, yo sólo quiero que se me absuelva de la responsabilidad de la conciencia por un día para poder entregarme al gozo del no pensar.

Quizá sea demasiado tarde, ¿Para qué?, ¿Para seguir al cuerpo o para seguir al alma?, cuando se empieza a andar en este camino es difícil retroceder, incluso en sueños, aunque el alma necesite un cuerpo, aunque el cuerpo necesite un alma…

Siempre un libro me acompaña al jardín de los sueños, a esos misterios que se pasean sin dueño cuando la vigilia cierra los ojos y morimos por un instante a lo eterno. Si me regalas un libro me regalas sueños.

Duermo cada día feliz, me quedo con ello.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
"La vida es sueño" Pedro Calderón de la Barca
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... y hablando de sueños he intentado acompañar esta entrada con Sueño de amor de franz liszt, pero no puedo, os lo tendreis que imaginar hasta que lo consiga