lunes, 19 de abril de 2010

CORCHETES DE LIBERTAD








Parece que sí, que era tarde,

que sigo con la experimentación,
con la prosa y los versos inventados,
que quizá no sean versos,

porque nadie me lo ha explicado.
Pero no importa el concepto ni la definición,
lo que mis manos derraman no puedo pararlo

prosa+versos+prosa+prosa+versos+++++++++++






Si aquí en esta tierra me han dejado,
unas noches le doy de beber al alma
y otras lunas le concedo a la carne lo buscado



A veces me concedo un [corchete] de libertad,
para vivir, para volar, para no pensar.

¿Qué es lo que está bien?
¿Qué es lo que está mal?
¿Mejor el Ying o el Yang?
aprendiendo a vivir

aprendiendo a pensar

aprendiendo a respirar



Cada momento
cada situación
la experiencia
la conciencia
la comprensión
la aceptación
la iluminación
la ilusión
la oscuridad
la valentía
la responsabilidad
la sensatez
la honestidad
La voluntad
La alegría
La felicidad…

Parámetros variables y flexibles acostados en todo tipo de cuerpos.
Algunos cansados y débiles, otros enérgicos y fuertes.
Mañana unos se cansarán y caerán al suelo arrastrados por confusiones venenosas,

otros renacerán de la tierra al cielo alcanzando las nubes entre visiones de verdad coloreada y luminosa. Ésto lo dejo en prosa!!



¿Dónde está la verdad? ¿En la tierra o en el cielo?



Creo que las verdades están en ambos lados,las podemos encontrar por todos los caminos, más coloreados o rodeados de venenos, algunos caminos los elegimos, a otros nos empuja el destino.


Para descubrir las verdades, a veces antes tenemos que vivir, sentir y recrearnos en las mentiras, ungirnos en ellas, bailar con sus garras.

Para deshacernos de las mentiras debemos trabajar con valentía, sin cobardía, sin mirar para otro lado.


Los momentos de lucha no son los corchetes de libertad que me concedo a veces, en los momentos de lucha sí hay que pensar, para llegar a la anhelada y escurridiza verdad.



Después otra mentira y otra verdad nos acecharán, comenzaremos otra vez con corchetes de libertad, viajes al ras del suelo, o viajes de vuelo, al cielo o al infierno, o a mitad de camino mejor, si no le importa al destino

Para todos es igual,
antes o después,
es un vaivén, una noria, una espiral
serán infinitos algún día esos corchetes de libertad?

Me puedo psicoanalizar, os puedo psicoanalizar, pero para qué?
si solo hay que fluir, dejarse llevar
y dejar que el tiempo o el destino lo pongan todo en su lugar,


ACEPTAR LAS MENTIRAS Y ASUMIR LA VERDAD.



Mientras tanto, me concedo seguir esta primavera en mi corchete de libertad, diversión, risas y amistad,valoración y emoción.


Del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, en viajes de placer, todo es aprender, agradeciendo vivir, sentir, haciendo que mi Libertad cada día sea más grande, más infinita, porque cada día soy más YO, y como dice el título de este blog,


YOSoy....



viernes, 9 de abril de 2010

NOCHE SABOR A FRESA












Si aquí, en esta Tierra me han dejado,
unas noches le doy de beber al alma
y otras lunas, le concedo a la carne lo buscado.




La suprema música de Bebo Valdés me presentó a un exuberante cubano afincado en la casi castellana ciudad al norte de donde no me quería marchar y de donde partí hace tiempo.
Apareció en mis tranquilas y serenas noches pidiéndome un baile. En una colorida fiesta latina, a la que había acudido por casualidad, rozó mi cuerpo con su cándida sonrisa, pero yo no creo en las casualidades. Me encontró él a mí o lo encontré yo a él, muchas veces en mi vida tuve esta duda, nunca supe la respuesta, pero la sorpresa de unos ojos encontrados alimentó nuestra imaginación y desarrolló el arte de volar con el placer aprovechando las chispas que de vez en cuando nos regala la vida.

Sólo la música y Bebo acompañaban mis sensuales movimientos sin dueño, como sin dueño son también mis sueños. El cubano me seguía acompañado por su sonrisa y atraído por mis piernas. Me acorraló en la barra, yo hablaba y hablaba, él me observaba y observaba. Me hizo callar con su boca y callé. Tuve la sensación de haber vivido antes ese momento, pero olvido los sueños con facilidad

Era artista, de esos que componen, tocan, cantan y bailan, la percusión fue su sonajero y también miraba todo como si estuviera perdido en un mundo que no es el suyo, como el poeta que no necesito de mi pasado. Pero el mundo del cubano era jovial y alegre, de sonrisas y gratitud, por tener entre sus manos el don de hacer bailar.

Yo también soy artista, le dije, de la vida, acudo a clases diariamente (si no me quedo dormida) para llegar a dominar este complicado y bello arte. Podrás entrar en mis noches si veo en tus ojos el arte. Pero no será hoy, las prisas no son buenas compañeras de la inspiración. Dibujé con mi lengua sus labios y le susurré al oído que alimentaría su deseo y sería la inspiración de su próxima obra.

Los ojos del cubano, sus manos y sus labios quedaron grabados en mis pupilas. Mi imaginación me llevó a los océanos del placer imaginado, a humedades añoradas, a deseos de oscura carne entre blancas y suaves sábanas tejidas con mi piel.

Para ser la musa del artista, para despertar el volcán que tuviera en sus entrañas, para que toda la fuerza y pasión me la regalase por una noche, le envié una nota cuyas palabras de almíbar forman parte de un manuscrito secreto que se guarda en los túneles de nuestras memorias.

La respuesta a mis palabras aún me produce escalofríos al recordarla. El artista me regaló su arte, el arte de quitar el vestido, el arte de amar una noche como si al despertar los cuerpos ya no existieran, el arte del sexo elaborado, cocinado lentamente, aliñado con dulces esencias que desatan un placer sin límites, el arte de dibujar cada rincón del cuerpo erizado, el arte de entregarse al gozo de la humedad sin reloj, sin tiempo, bebiendo de la inspiración de dos cuerpos bailando al son del piano, de los timbales, de su Cuba, de mi sol.

Me besó el cuello levemente, el primer contacto entre nuestras pieles hizo que los disfraces cayeran al suelo. Los dos soltamos el equipaje para que el vuelo fuera libre, sin lastres ni peso. Un vuelo con arte, en primera clase, con todos los placeres.

El vino achampanado nos dio la bienvenida a este viaje, el sudor y el deseo nos acompañaron. Desde la ventana dejamos de ver la Tierra y solo las envidiosas nubes nos acompañaban. Nuestras lenguas entre burbujas bailaban con la música de Bebo, pues en primera clase no debe faltar banda sonora.
Más tarde, el silencio y nuestros placenteros gemidos fueron la única e inmejorable melodía. Las burbujas también fueron tumbándose en nuestro cuerpo, pues en este vuelo de arte el masaje de humedad y calor nos acercaron a mundos aún por explorar.

Sabor a fresa dulce entre mis piernas, un masaje de reyes con los aceites del cielo me acercaron a la plenitud. Su vigoroso sexo se deslizaba entre mis manos y mi boca, mi lengua sentía su sabor, la fresa fue la fruta elegida esa primera noche, sentía su calor, sentía su explosión dentro de mí…

¿Detenemos el tiempo
o probamos más sabores?...


Layna Ultreia.

miércoles, 7 de abril de 2010



He dejado de verlo todo en poesía.
Ha sido breve mi viaje por los versos, me despido y vuelvo al puerto de la prosa, el que me vió partir y el que me perdió en el horizonte.

Escribí hace poco tiempo estas palabras sobre mí, seguramente no soy "la más" en nada:

Puedo ser
la más espiritual
la más poética
la más vulgar
la más divina
la más carnal


Mi Ying y mi Yang,


estos dos amigos que me acompañan y que ya muchos conocen se han descontrolado, se han perdido entre los árboles, la música, los libros, las copas, la noche, los paseos, las reflexiones, los amigos, los problemas, los objetivos, el dinero, los deseos…

Se han alejado demasiado el uno del otro y debo concertar una cita a ciegas para volver a acercarlos.

A veces tengo la impresión de vivir dos vidas al mismo tiempo, sé que existe una vida en la que descubrir los sueños, pero también existe una vida en la que te despiertan con pesadillas.

Quizá acontecimientos oscuros, donde poner una sonrisa es imposible, me producen sentirme estos días perdida en este mundo que intento llenar de flores. No puedo ver poesía, no puedo escribirla y no puedo leerla. Si la poesía es triste no la quiero. Ahora tampoco quiero música, ni ruido, ni cielo, ni colores. Sólo silencio y cerrar los ojos.

Creo que el arte es otra forma de mirar la realidad, pero también creo que la realidad puede ser arte en sí misma. Ahora estos pensamientos están difusos en mi cabeza, sólo quiero que vuelvan a ser otra vez, sólo quiero creer en ello otra vez.


Mañana seguiré viviendo con Arte, seguiré bebiendo de esas letras y de esas sonrisas, de esa música y de ese cielo. No os preocupeis, regresé otras veces después de caer por acantilados mortales.

Me despido de la poesía
porque he dejado por un instante
de ver el Arte.

¿Por qué al cielo
no puedo llevarte besos?



Aunque quizás,
ya sea demasiado tarde
para marcharme…



miércoles, 24 de marzo de 2010

"LA POESÍA DEL SIGLO XX HA PRESCINDIDO DE LA MÉTRICA REGULAR Y SOBRE TODO DE LA RIMA" (Wikipedia)

La Dehesa, las encinas, todo un placer.






Es decir, que si nadie me lo explica o argumenta,

cualquiera puede escribir poesía

dándole al "intro" donde mejor le parezca.


!Busco maestro o maestra!

con literaria urgencia.




Mientras tanto, sigo experimentando,

con mi vida y con mis letras,

con la suerte de escribir en el s. XXI

sin vivir a duras normas sujeta.





TE REGALO ENCINAS




Creo en la comunicación como poderosa arma
donde las
palabras pueden ser flores,
donde las letras pueden ser balas.

El castigo de matar todos lo tenemos,
el don de dar vida también está dentro.
Si mato, muero.
Si te vivo, crezco.


Suelta lastres y maletas,
pisotea las lágrimas y las penas,
deja atrás tu acantilado
y anda hacia delante sin tristeza.
Eres un ángel en la Tierra.
Eres un Dios y lo has olvidado.

Caigo rendida ante adjetivos, metáforas y rimas,
pero más me derriten unos ojos
y un vivir con valentía.

Mi puerta de entrada ya queda lejos,
a veces tengo que recordarme,
a veces los demás me acercan al recuerdo.
Pero lo que fue, fue
y lo que es, es.

Me quedo con mi último día,
es el que más cerca está de mí.
Una sonrisa le regalo al recuerdo,
un abrazo a lo que está por venir.
Me quedo ahora, me quedo aquí.

Mi buzón cambia cada día de puerta,
pero las cartas siempre me llegan.
Me subo en encinas
¿Quien me lleva a otro planeta?
Conozco ángeles camuflados
Y bebo letras.

Te regalo mis flores
Te regalo vida,

pintarás colores
Cuando abraces mis encinas.


No me des las gracias,
sólo la vida te acerco
por si te has dormido

o perdido en algún sueño...



jueves, 18 de marzo de 2010

NO NECESITO A UN POETA (relato completo)



Mis secretos más profundos son telas de arañas en mi cuaderno, ese que me acompaña en mi viaje por la vida, con sus tristes y solitarias páginas en blanco, esperando recoger de mis manos el fruto de los días, el fruto del desencanto, el fruto de la alegría.
Es el que conoce mis profundidades, el que me las recuerda cuando las olvido, el que me mata con sus flechas de verdad, el que me araña con sus letras, el que me acaricia con la paz.

El piano conquista mis viajes por las letras cuando me concedo la melodía de las palabras, cuando mi alma necesita expresar, cuando mi cuerpo olvida hablar.

“El amor ya no es amor
cuando es obsesión, lujuria y pasión
cuando te impide respirar
porque lo que deseas es amar
pero después del sudor
sólo queda soledad”

Éste proyecto de poema salió de mis manos en días y noches de deseo, cuando mi piel, mi boca y mis piernas anhelaban el salado sentir de la fuerza arrolladora que te eleva a otro mundo, a otro cielo, no de ángeles y música, sino al cielo del placer, al de los sentidos en erupción, en el que se navega en una balsa de humedad, del sexo elaborado, de las lenguas encontradas por el desierto de las curvas buscando su oasis, para beber de él, hasta caer rendidos a los pies del divino pecado.

La prosa me llama, me busca, me habla. La poesía me ha encontrado, sorprendido y enamorado.
Un poeta me arrancó la prosa, me escupió la poesía enmascarada de las páginas que ahora escribo, me llevó a esa isla de donde no pude escapar hasta borrar de mi cárcel cada destello de una tierna mirada que conquistó hasta el último suspiro de mi alma.

Volví a nacer, salí nadando de esa isla, rompí las rejas de la cárcel de su boca y salí al océano de la libertad y del amor verdadero, ese que te cuida y te eleva con tan solo existir, con tan solo sonreír. Descubrí que no necesito a un poeta para vivir, por que el hecho de vivir ya es la mayor poesía escrita, cantada y dibujada por el más grande los poetas, descubrí que todos somos poetas.
Desato las páginas y las dejo escapar de mi cuaderno con un rumbo incierto, hacia un destino que desconozco y que no me importa, por que regalo estas páginas al viento, a ese sabio que las guiará, para que las acompañe donde puedan emocionar, donde puedan enseñar, donde puedan robar sonrisas o lágrimas, donde quizá sean incomprendidas o quizá sean fieles reflejos de otras vidas.

Un poeta me enamoró, y testigo del poema fueron las sufridas y silenciosas páginas de las que ahora me deshago, las escribí cuando todo había pasado, cuando pude mirarlo desde el prisma de la tranquilidad, desde mi recuperada muralla, pues en ese tiempo de versos también olvidé que mis palabras y las de todos son tesoros con el mismo valor.

Soñé con un castillo varias veces, con una gran y majestuosa muralla desde la que podía divisar un paisaje verde, con pinceladas de amarillo, rojo y violeta hasta su unión con el cielo. Estaba sola, pero la sensación de plenitud y grandeza de la muralla me acompañaban. Podía verme desde fuera, como si de una película se tratara, de pie mirando al horizonte.

Había tenido un sueño lúcido, donde el soñador se da cuenta de estar soñando. Los que tienen la suerte de tener a menudo este tipo de sueños se llaman onirautas, pueden controlar los sueños a voluntad llevando a cabo sus deseos en los mismos. Estos sueños son notables por perdurar en la memoria, son sueños llenos de color, difíciles de olvidar. Tan difícil de olvidar que aún está en mis pupilas ese paisaje. El simbolismo del castillo en el mundo de los sueños me llevó a descubrir mi deseo de espiritualidad, mis ansias de trascender lo mundano y convertirme en la protagonista de historias especiales y con mayor significado. Esperaba algo importante mientras miraba grandiosa al horizonte en ese sueño, poco tiempo después, ese algo me llegó en forma de poeta.

No soy onirauta, no puedo viajar en los sueños a los lugares que deseo, sólo puedo observarme y sentir como si mirara a través de un cristal, sin poder tocar. Días más tarde soñé varias veces con gusanos de seda, los veía descender en su capullo colgados del techo por un fino hilo que los sujetaba a la vida. Muchos de ellos se transformaban en mariposas y salían volando agitando sus alas hacia el cielo, alas en las que observaba con detalle sus dibujos y colores, donde el violeta era el protagonista de esa acuarela.

La ansiada y futura transformación espiritual vino a visitarme a los sueños en forma de gusano y mariposa, en forma de castillo y de paisaje para avisarme de lo que vendría. Lo comprendí cuando todo pasó, cuando el poeta marchó, pues muchos sucesos de la vida los entendemos cuando han llegado a su fin y podemos mirarlos con la claridad del tiempo, con el prisma de la distancia.

Como respuesta a mis ansias inconscientes de trascender lo mundano y vivir historias especiales llegó un día a mi vida un ser diferente, de luz y de sombras, un maestro en el arte de amar, un maestro cuyo método didáctico fue jugar con mi debilidad ante un poema, mi debilidad ante el brillo de unos ojos, mi debilidad por la búsqueda de lo que yo creía especial. Más tarde aprendí que lo grandioso no está en un horizonte lejano ni en bellos poemas cuyos autores solo usan el corazón para escribir, no para vivir.

Me atrajo su mundo desconocido, sabía que debía de entrar, investigar, observar y vivir intensamente el regalo recién llegado. Si el tiempo me dejara volver atrás volvería a adentrarme otra vez en esa cueva. Volvería a entrar a pesar de las lágrimas que en su oscuridad encontré, porque antes de las lágrimas encontré una entrada de luz y piedras preciosas que ningún minero ha sido capaz de dejar al aire libre. Nunca fui minera ni geóloga, no quiero serlo, prefiero trabajar a la luz del día, viendo mis paisajes. Cuando encuentre una nueva cueva entraré y contemplaré los metales preciosos, sacaré de la oscuridad mi lección y seguiré andando sabiendo que la verdad está mucho más cerca, disponible para todos.

Con un poema dedicado a mi sonrisa y a mis ojos despertó en mí el poeta esa chispa que necesita el arte para existir. Nos encerramos en nuestra burbuja, pero las burbujas son terriblemente frágiles. Era un ser solitario, de esos artistas que parecen perdidos en un mundo que no es el suyo, como si los hubieran dejado aquí por equivocación, pero con soltura suficiente para conquistar mujeres ansiosas de la grandiosidad que vivir la vida en verso puede dar. Inteligente, libre, soñador, dispuesto a vivir el amor sin miedos ni limitaciones, seguro y con deseos de aprender, de vivir, de enseñar…Entró en mi vida como una tormenta explosiva a todos los niveles.

Se convirtió en mi elixir, en mi perfume, en mi droga necesaria de sudor, en mi debilidad hecha carne. Entre reflexiones elevadas y besos sin descanso dormí muchas cálidas noches abrazada a su cuerpo. El placer estremecía a todo mi ser. Sus versos producían en mí orgasmos literarios, de metáforas y rimas que acariciaban dulcemente mi vida y me llevaban a otros mundos. Él era feliz, todo lo que me daba le salía del alma, así lo sentí, así lo viví.
También salían de mis manos palabras hacia él, conservo algunas que en algunos días de balance vital recuerdo con cariño, pero que ya están en las estanterías de esa que llamo mi biblioteca de la vida.

Perdí la noción del tiempo en estos jardines del mar donde nadé sin salvavidas. Me ahogué en mis expectativas, en mis sueños, en mis deseos, en mi mentira de perfección tras la muralla de insensatez que había creado por alguien que no conocía, sólo había leído sus versos y escrito su cuerpo. A sus ojos les creí, pero no quise ver que más allá, no quise ver que era un hombre y no un ángel, y todo hombre está formado por valores opuestos, por contrarios. No dudo de todo lo bueno que me regaló, sé que todo fue verdad hasta que dejó de serlo.

No sé cuando empezó a desaparecer, cuando empezó a esfumarse de entre mis dedos, de entre mis piernas. Su vapor quedó incrustado en mi piel, su olor entre mis dedos, sus poemas deshechos en mi alma, su grandeza pisoteada por su cobardía e inmadurez. No lo volví a sentir, sólo sentí el odio que deja alguien que desaparece sin rastro, sin palabras, sin sinceridad. Sólo sentí el vacío del no entender la huída como opción en esta vida. Las primeras noches de su silenciosa ausencia dejé la puerta abierta por si regresaba, mi debilidad ya le había perdonado, mi debilidad tapaba mi esencia, mi fuerza, el amor por mí que puse en sus manos.

Caí en las mazmorras, esas que me quedaban por visitar y luché con el odio que nunca había sentido. La lucha fue solitaria, dura y dolorosa. Cada minuto de los interminables días de ese verano de tormentas y tormentos tuve que vivir con lo peor de mí. Viví intensamente mi dolor, no lo escondí, me hice su amiga y lo acepté, comencé sola mi curación emocional para poder volver a soñar con majestuosos paisajes delante de mis ojos y con violetas mariposas volando al cielo.

Una tarde, de esas en las que mis sonrisas ya no camuflaban la tristeza, lo vi sentado en un banco en una pequeña y acogedora plaza del centro de la ciudad, de esas que invitan a contemplar los árboles o leer un buen libro al aire libre. Pasé por delante de él, tan cerca que sentí su tímido olor o fue el recuerdo aún gravado. Leía en alto el que todavía sigue siendo uno de mis poemas preferidos:

“…A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo, es mi deseo;
manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo…
un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos
y soy tierra feliz que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo”
Isla ignorada, Gloria Fuertes


Tuve tiempo desde que lo vi para dar la vuelta y tomar otro camino, pero la cobardía y la huída nunca fueron mis compañeras de viaje, no quise cargar la maleta con ellas, pues sin peso el camino se hace más liviano. Quizá un tiempo antes no hubiera estado preparada y el dolor me hubiera vencido, pero cuando la serenidad, transparencia y voluntad te acompañan las decisiones más difíciles de tomar suelen ser los caminos más fáciles. No sabía si esta batalla la ganaría o la debilidad me acompañaría unos días más después del reencuentro, pero tenía que mirar otra vez esos ojos para saber si el rencor estaba enterrado o se había marchado para siempre.

El recuerdo de mi olor también voló a su cuerpo y levantó la mirada hacia mí justo cuando pasaba por delante. Gloria Fuertes cayó al suelo y también cayó su escondite. Seguí caminando con cierto nerviosismo, pero con la satisfacción que da el haber hecho lo correcto. Mis pasos solitarios duraron unos segundos, pues mi nombre salió de su boca mientras corría para alcanzarme. No recuerdo los meses que habían pasado, pero su voz era extraña a mis oídos y las facciones de su rostro eran extrañas a mis ojos. Los suyos brillaban, una lágrima se derramó ocupando el silencio de esa plaza. Sus palabras existían sólo para la poesía, no existían para la vida. Su miedo se hizo visible y transparente, la tristeza lo envolvió con la fuerza de un tornado, pues todo de lo que huyes te encuentra, y sus lágrimas me miraban implorando clemencia. O quizá su mirada fue una atacante defensa con el escudo del orgullo que pisotea la humildad y la verdad que busco en esta tierra. No lo sé, ya no lo recuerdo.

Él no podía hablar, yo ya no lo necesitaba. Había pasado el tiempo en que las palabras por decir llenaron un vacío en mi alma. Le sonreí y le dí las gracias por todo, me despedí con un hasta siempre aunque me temblaban las piernas al pronunciarlo. Paso a paso fui alejándome de lo mejor y de lo peor que había pasado en mi vida. Pasaron unos días extraños donde la debilidad vino a visitarme en algunos momentos, pero ya no se quedaba a dormir. Los días siguieron con el sol del invierno hasta que llegó otro verano ya sin tormentas ni tormentos.

La valoración de esta historia pude hacerla meses más tarde del reencuentro. Recordé mis sueños con castillos y mariposas, mis deseos de transformación espiritual y de vivir historias especiales y sonreí. Fue especial enamorarme de un poeta, fue un regalo divino descubrir la poesía, mi cuerpo murió de placer ese tiempo y mi alma voló por los cielos, se hundió en las profundidades del ser humano y resurgió de sus cenizas hacia la luz de la vida y la valoración de las pequeñas cosas que nos rodean.
Recordé también que antes de la despedida definitiva de mi poeta recogí el libro que había caído al suelo ante el impacto del inesperado reencuentro. La página noventa y ocho me habló con estos cuatro últimos versos:

“Es triste y por que es triste lo confieso,
cuesta mucho vencerse, sin embargo,
intenta dar un beso al enemigo
verás que sale luz de tu costado.”
Lo confieso, Gloria Fuertes.

Ahora sé mejor lo que quiero, lo que deseo y lo que soy. Podría recrearme en millones de pensamientos, sensaciones y palabras que adornarían esta historia, pero ya la he olvidado, la imaginación está en otros cuerpos y el aburrimiento me envuelve obligándome a terminar este relato. Intenté dar un beso al enemigo.
Ahora me seguiré perdiendo por los caminos que me trace el destino, intentado recordar lo que aprendí para no cometer los mismos errores, aunque nada fue un error porque como dice el refrán “de poetas y de locos, todos tenemos un poco”.
Layna Ultreia











viernes, 5 de marzo de 2010

NO NECESITO A UN POETA


Aquí os dejo el principio de un nuevo relato que he escrito, a lo largo de este mes lo subiré entero y al igual que del anterior espero vuestra opinión, pues mi intención es enviarlos a concursos de relatos, por eso los borraré del blog en poco tiempo. Un nuevo estímulo creativo que no puedo parar. Gracias por leerlo.





Mis secretos más profundos son telas de arañas en mi cuaderno, ese que me acompaña en mi viaje por la vida, con sus tristes y solitarias páginas en blanco, esperando recoger de mis manos el fruto de los días, el fruto del desencanto, el fruto de la alegría. Es el que conoce mis profundidades, el que me las recuerda cuando las olvido, el que me mata con sus flechas de verdad, el que me araña con sus letras, el que me acaricia con la paz. El piano conquista mis viajes por las letras cuando me concedo la melodía de las palabras, cuando mi alma necesita expresar, cuando mi cuerpo olvida hablar:


“El amor ya no es amor
cuando es obsesión, lujuria y pasión
cuando te impide respirar
porque lo que deseas es amar
pero después del sudor
sólo queda soledad”


Éste proyecto de poema salió de mis manos en días y noches de deseo, cuando mi piel, mi boca y mis piernas anhelaban el salado sentir de la fuerza arrolladora que te eleva a otro mundo, a otro cielo, no de ángeles y música, sino al cielo del placer, al de los sentidos en erupción, en el que se navega en una balsa de humedad, del sexo elaborado, de las lenguas encontradas por el desierto de las curvas buscando su oasis, para beber de él, hasta caer rendidos a los pies del divino pecado.

La prosa me llama, me busca, me habla. La poesía me ha encontrado, sorprendido y enamorado.

Un poeta me arrancó la prosa, me escupió la poesía enmascarada de las páginas que ahora escribo, me llevó a esa isla de donde no pude escapar hasta borrar de mi cárcel cada destello de una tierna mirada que conquistó hasta el último suspiro de mi alma.

Volví a nacer, salí nadando de esa isla, rompí las rejas de la cárcel de su boca y salí al océano de la libertad y del amor verdadero, ese que te cuida y te eleva con tan solo existir, con tan solo sonreír. Descubrí que no necesito a un poeta para vivir, por que el hecho de vivir ya es la mayor poesía escrita, cantada y dibujada por el más grande los poetas, aprendí que todos somos poetas.

Desato las páginas y las dejo escapar de mi cuaderno con un rumbo incierto, hacia un destino que desconozco y que no me importa, por que regalo estas páginas al viento, a ese sabio que las guiará, para que las acompañe donde puedan emocionar, donde puedan enseñar, donde puedan robar sonrisas o lágrimas, donde quizá sean incomprendidas o quizá sean reflejos de otras vidas.

Un poeta me enamoró, y testigo del poema fueron las sufridas y silenciosas páginas de las que ahora me deshago, las escribí cuando todo había pasado, cuando pude mirarlo desde el prisma de la tranquilidad, desde mi recuperada muralla, pues en ese tiempo de versos también olvidé que mis palabras y las de todos son tesoros con el mismo valor.

Layna Ultreia

Continuará que la historia acaba de empezar......................................

miércoles, 24 de febrero de 2010

AL COMPÁS DE LA MÚSICA


Después de una parada en el camino vuelvo a escribir al son de la música. El poco tiempo para la inspiración me ha robado letras sin piedad, pero esta noche de lluvia me concedo la melodía de las palabras.

Las notas musicales son letras de alfabetos universales, forman las palabras que se leen con el cuerpo, las palabras que el alma reconoce cuando llora y cuando ríe, cuando recuerda y cuando baila, cuando vive y cuando muere.

La música se convierte en un espejo de infinitos lugares, esos que tanto me gusta visitar cuando cierro los ojos, también se convierte en un espejo de infinitos secretos, esos que habitan en todos los corazones y que despiertan con una sutil llamada para amanecer de nuevo.

Al compás de la música siento el arte que me inspira en este instante, puedo sacar las tímidas letras escondidas y que me acompañan en mi viaje por la vida. Mi cuaderno guarda las palabras, pero esta vez, guarda también las notas musicales que me acompañaron. Leyendo lo que escribí un día pasado, puedo otra vez bailar con los árboles que fueron testigos de mi amor, en mi cuaderno guardo mis tesoros y estas son las notas musicales que ahora comparto y dejo libres para que otros corazones las escuchen:

Mi cuaderno, página 23:

Me levanté del gran árbol, ese que me había protegido con sus esbeltas hojas y me había arropado con la energía que sólo un ser milenario posee. Cerré mi cuaderno y dejé guardado para siempre entre sus páginas el primer cuento que escribí en mi vida, fruto de la magia del camino en el que me encontraba, fruto de los sueños donde el piano sonaba de fondo. El piano murió en ese cuaderno, en ese sueño, pero la música siempre suena cuando se quiere escuchar, la música siempre suena cuando no se deja de soñar.

El camino mágico, el de Santiago, me regaló la más bella música que el alma puede entonar: el silencio. Ese que me abre los ojos para verme por dentro, ese que limpia mis oídos para escucharme, ese que se desliza sobre mi piel arrastrando el polvo y el ruido de los días, ese que vacía mi mente para poder ver más allá de lo palpable, para poder ver también, lo más cercano y que a veces se me escapa.


La música del silencio acompañaba a mis pasos muriendo en la tierra, al agua corriendo viva por los riachuelos, al calor del sol envolviendo mi rostro, mientras, yo bailaba al compás de mi corazón sin pensar nada, sin esperar nada, simplemente caminaba. En este estado me encontraba cuando comencé a escuchar un nuevo sonido que acompañaba al silencio y lo apartaba de mi lado.

Apoyado en otro gran árbol, de esos que nos vigilan en el camino, se encontraba él, tenía los ojos cerrados, su boca y sus dedos se entrelazaban al son de la melodía jugando con el viento, pero él no estaba presente en ese momento, estaba volando entre las nubes mientras regalaba su don a los caminantes. Me senté cerca a contemplar el espectáculo de colores y sonidos, esta vez no tenía que viajar a los sueños ni a los recuerdos para escuchar música, la tenía delante, en el camino del silencio.

No recuerdo el tiempo que estuvimos sentados el uno frente al otro sin que nadie más pasase, el concierto era sólo para mí, lo viví y lo agradecí como un regalo, fue una breve eternidad para todos los sentidos. Dejó su flauta en el suelo y me sonrió, le ofrecí agua y una sonrisa, pues las palabras que otras veces salen de mí atropellándose unas contra otras se habían quedado aletargadas, lentas e inexistentes con la sonora experiencia. Creo que me enamoré un instante de los ojos de ese desconocido que comenzó a hablar sin que yo le preguntara, no hizo falta.

Me dijo que con la música olvidaba los problemas, se escapaba a otros mundos donde la realidad no existía, donde era libre de las complicaciones mundanas. Las notas musicales eran sus mantras, la melodía su meditación. La música era su conexión con el más allá, porque si existía un cielo, éste debería estar lleno de música. Me dijo que él intentaba traer un trozo de cielo a la tierra que pisábamos, pero que cuando abría los ojos y sus dedos dejaban de tocar, el cielo se esfumaba, los caminantes seguían su andadura y todo se convertía en algo tan efímero que le causaba un gran dolor y una gran insatisfacción.

Las primeras palabras que consiguieron salir de mi boca le agradecieron su don y que me hubiera regalado el cielo. Las que salieron de la suya siguieron siendo para mí un regalo:

“Mi don es amar lo que hago, mi don es regalarlo a la vida, a ti. A todo el que pase por mi lado yo le daré lo mejor que hay dentro de mi Ser. Si todos hiciéramos lo mismo el cielo en la tierra no sería tan efímero. Lo mejor que hay dentro de cada persona no tiene porque pertenecer a las artes, lo mejor puede ser una sonrisa, lo mejor puede ser un abrazo, lo mejor puede ser una mirada que desnude toda muralla de la mente. El mayor arte que se puede regalar es ser uno mismo.”

El silencio del camino se apoderó de mí otra vez, le regalé mis lágrimas, mi sonrisa y un cálido abrazo. Me senté enfrente y le invité con una tierna mirada a que me regalase su cielo otra vez, antes de seguir caminando hacia mi destino, porque mi cielo era escucharlo, mi cielo era él en ese instante eterno.

Al son de la música las páginas blancas de mi cuaderno volvían a recibirme expectantes, pues el primer cuento que escribí días antes en sus blancas hojas fue una sorpresa incluso para mí. Ahora comenzaba a escribir el segundo cuento, debía convertir las notas musicales en letras y la melodía en una historia que llevase un trozo de cielo a otros. Debía conseguir que lo efímero se alargase lo más cerca posible a lo eterno y que la sensación de dolor e insatisfacción que sentía mi músico disminuyese y desapareciese cuando comprobara que nada es tan efímero como el pensaba.

Le escribiré que escuchando su música en estos momentos no me alejo de los problemas, no me escapo a otros mundos donde la realidad no existe, no me siento libre de las complicaciones mundanas. Sintiendo su música observo como los problemas disminuyen su tamaño, pues comparados con el cielo que me ofrece se convierten en cenizas. Sus notas musicales están dentro de mi realidad por lo que no quiero viajar a otros mundos, pues en éste está el cielo que él me regala, están los cielos de muchas personas que encontraré en el camino y que si volase siempre a otras realidades no conseguiría ver. Las complicaciones mundanas no son tan complicadas cuando ponemos música en el corazón, cuando ponemos sonrisas y cuando el humor se hace fiel compañero de viaje. Incluso las lágrimas a veces traen detrás un bonito regalo.

Arranqué del cuaderno las páginas de este corto relato y las dejé a su lado bajo una piedra mientras él seguía ausente entre sus notas. Comencé a caminar sintiendo que le había dado lo mejor de mí: mi sensibilidad, mi valoración de la vida, mi gratitud, mis lágrimas, mi sonrisa y mi intención de que esa sensación de “cielo efímero” se borrase de su Ser. A esta caminante la había enamorado un instante, a esta caminante le hizo entender la música y los dones como nunca antes los había entendido. Nada es efímero y todo perdura en algún lugar, sólo debemos desear verlo. El silencio nos ayuda a encontrarlo.

No te lo he dicho pero me llamo Layna, y este cuento es mi regalo para ti.