
He escrito mi primer cuento!, un cuento de hadas para un concurso literario, los lectores del blog sereis los primero en leerlo, pues me gustaría antes de enviarlo tener opiniones y críticas, constructivas eh!. Lo tengo terminado hace muchos días, por lo que ya no creo que cambie nada, pero me importa vuestra opinión y si tengo que escribir otro por que este no os gusta lo haré!
También quiero que colaboreis conmigo y me ayudeis a elegir el apellido de mi pseudónimo, estoy barajando varias opciones pero me gustría que me dierais ideas. El nombre de mi pseudónimo es Layna, es un nombre griego que significa luz, verdad. Sólo falta el apellido!
Para escribir el cuento me he inspirado en situaciones y sensaciones reales muy decoradas con imaginación, que ha volado cuando empecé a escribir.
A continuación podeis leer la primera parte de mi cuento, en la próxima entrada la segunda. Espero que os guste. Gracias por leerlo.
SU PRIMER CUENTO DE HADAS
Camino mágico, el de Santiago, lleno de senderos con la sabiduría de miles de huellas. Árboles y flores, el viento crea música entre sus hojas y pétalos y te acaricia con la suavidad de un ángel, silencio maravilloso. Ahí vive Maya, mi pequeña hadita, recién diplomada es un hada joven, curiosa, exploradora, inconformista, gran conocedora del cielo y las estrellas, como sus antepasados, a los que debe su nombre.
A pesar de vivir en el mejor lugar del mundo siente inquietudes por saber cómo será la vida allí donde las hadas ya no viven, de donde fueron expulsadas. ¿De verdad serán tan malos? se pregunta a veces. Ve pasar desde la flor donde descansa a miles de personas cada año, pero no se acerca, sólo observa. A veces juguetona se desliza dentro de algún sueño para darle luz y color y así, la persona en cuestión, despierta con un sentimiento especial, una sensación de alegría y dicha que sólo las hadas y los ángeles conocen en profundidad.
Layna se sentó a descansar con su espalda apoyada en un gran árbol, pues sabía de la energía que le daría este ser milenario, siempre llevaba un cuaderno donde plasmaba sus emociones, pensamientos, sentimientos, un cuaderno secreto donde escribía las experiencias durante el camino sagrado, pues le habían contado que podían pasar cosas especiales y aún las estaba esperando.
Maya contemplaba ensimismada los ojos de Layna, un brillo especial en ellos, sensibilidad, ternura, fuerza, belleza en su aura y una ligera nostalgia que hacía que su mirada fuera un océano de luces. Maya nunca se había acercado tanto a un ser de la especie humana, ellas, las hadas, vivían en su mundo mágico y maravilloso, lleno de valores y música, de amor y baile pero no pudo resistirse y se acercó a Layna. Leyó lo que tenía escrito en su cuaderno, era una pequeña carta y lloró.
A pesar de vivir en el mejor lugar del mundo siente inquietudes por saber cómo será la vida allí donde las hadas ya no viven, de donde fueron expulsadas. ¿De verdad serán tan malos? se pregunta a veces. Ve pasar desde la flor donde descansa a miles de personas cada año, pero no se acerca, sólo observa. A veces juguetona se desliza dentro de algún sueño para darle luz y color y así, la persona en cuestión, despierta con un sentimiento especial, una sensación de alegría y dicha que sólo las hadas y los ángeles conocen en profundidad.
Layna se sentó a descansar con su espalda apoyada en un gran árbol, pues sabía de la energía que le daría este ser milenario, siempre llevaba un cuaderno donde plasmaba sus emociones, pensamientos, sentimientos, un cuaderno secreto donde escribía las experiencias durante el camino sagrado, pues le habían contado que podían pasar cosas especiales y aún las estaba esperando.
Maya contemplaba ensimismada los ojos de Layna, un brillo especial en ellos, sensibilidad, ternura, fuerza, belleza en su aura y una ligera nostalgia que hacía que su mirada fuera un océano de luces. Maya nunca se había acercado tanto a un ser de la especie humana, ellas, las hadas, vivían en su mundo mágico y maravilloso, lleno de valores y música, de amor y baile pero no pudo resistirse y se acercó a Layna. Leyó lo que tenía escrito en su cuaderno, era una pequeña carta y lloró.
“Mi Duende:
Escucho el sonido de los pájaros que tanto te gustan, olor a flores húmedas por la lluvia. Te recuerdo, te añoro...Yo también amo tus pestañas, y tus ojos, y tu boca. Amo tu pasión, tu ternura, tu debilidad. Amo tu mirada clavada en la mía. Te amo a ti, todo lo que eres y lo que puedes ser. Una brisa fría mueve las hojas de los árboles, un precioso cielo al atardecer, me gustaría que lo vieras a través de mis ojos. No olvides mis palabras, yo no olvido las tuyas. No olvides mis besos, yo no olvido los tuyos. No olvides mis manos, yo no olvido las tuyas. No olvides mi corazón, yo no olvido el tuyo. Ojala que vuelvas y todo florezca y el alma rebose dicha por que el círculo volvió a completarse. Entre las notas musicales que me regalaste, el piano me inunda y en su esencia estás tú. Estás en mis pensamientos, en mi corazón y en las lágrimas que intento contener cuando empiezo a echarte de menos.
Te siento, te amo.
Te siento, te amo.
Tu hada”
Maya descubrió que también había hadas y duendes en el mundo al que le habían prohibido ir por ser tan peligroso para su frágil alma. Su juventud y rebeldía la empujaron a seguir al lado de Layna, al lado de un hada en cuerpo de mujer, sabía que tenía algo importante que aprender junto a ella, era parte de su destino. Maya se despidió de los árboles y las flores y prometió volver para contar lo que viviría en ese mundo tan desconocido y lejano para ella.
Continuará...